Cuando tocar madera no es suficiente

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– Con dos te mido y con tres te parto, en nombre de Dios y del Espíritu Santo.

La mujer masculla la oración tres veces con voz entrecortada, mientras con un cuchillo de  cocina corta imaginariamente la “bayamesa” en el horizonte. Si esto no funciona, pondrá a su primogénito de espaldas a la tempestad o quemará hojas de guayabas secas. Por si hay viento, ya tiene sobre la ventana, en forma de cruz, una cuchara y un tenedor.

Pero si truena, ¿qué hace? Por mucho que busca en su memoria, no recuerda nada. Por sus venas corre la sangre de varias generaciones campesinas; todo un imaginario rico en supersticiones y leyendas. Sin embargo, contra los truenos sabe que estamos indefensos. Solo recuerda algo dicho por su madre referido a la necesidad de no temerle a la ira celestial, a la que según ella se debían tales fenómenos meteorológicos.

De hecho, según un estudio realizado por la Universidad de Ciencias Médicas de Pinar del Río, en nuestro país fallecen como promedio 65 personas cada año por descargas eléctricas. Las edades con más fallecimientos son las de 16 a 30 años, fundamentalmente en áreas rurales.

A esto hay que agregar el daño que producen los rayos en sectores económicos, como el eléctrico, el residencial, el informático, las telecomunicaciones, la aeronáutica civil, la forestal, la minería y el militar, entre otros.

Pero no se trata únicamente de cubrir los espejos, no levantarse de la cama o acordarse de Changó. El Doctor José Rubiera, jefe del Departamento de pronósticos del Instituto Nacional de Meteorología, aconseja que: “antes de que comience a tronar, observe si el cielo se obscurece por la cercanía de la tormenta eléctrica, si hay relámpagos o el viento aumenta bruscamente. Escuche si hay truenos; si los escucha, se encuentra en un área de peligro potencial. Debe entonces permanecer o dirigirse a un lugar seguro. Estos pueden ser un edificio, un automóvil u ómnibus, aunque en estos caso las ventanas deben cerrarse y estar completamente dentro del vehículo. Si cayera un rayo, no le pasaría nada, pues las cargas eléctricas se moverían por fuera del metal, quedando Ud. dentro de un campo eléctrico nulo dentro del vehículo, lo que se conoce en Física como Jaula de Faraday.

“En las zonas rurales, en caso de ser sorprendido por una tormenta eléctrica y haber un edificio o vehículo muy cerca, intentar llegar a él, si se encuentra bien cercano al mismo. Asimismo, deberá alejarse de objetos altos (árboles, postes o cualquier objeto que sobresalga). Es recomendable buscar una zona que se encuentre un poco más baja que el terreno circundante. Sin embargo, no debe uno resguardarse en cuevas o accidentes geográficos similares, debido a que se acumula el aire ionizado y eso aumenta la probabilidad de se conduzca la descarga eléctrica.”

Por otro lado, se ha calculado que los rayos que se producen durante una tormenta podrían alimentar de energía a una gran ciudad durante mucho tiempo… si alguien encontrara la forma de almacenarlos. Se considera además que gracias a ellos existe la vida pues jugaron un papel importante en la formación de los primeros aminoácidos.

Los rayos pueden ser amigos o enemigos, según se mire. Algunas personas guardan una relación muy especial con estas descargas eléctricas, como el caso de Jorge Martínez, el Hombre Pararrayos, quien vive en el poblado de San Manuel, en el municipio de Puerto Padre, el cual ha sido “electrizado” en 6 ocasiones y sigue “vivito y coleando”, lo cual constituye un verdadero misterio para los científicos.

Por ello, ahora que la temporada de lluvias dio inicio es nuestro país y que lamentablemente se registró la primera víctima fatal por una descarga eléctrica en la provincia, tengamos bien presente que no basta con encomendarse a fuerzas sobrenaturales.

Si los sentimientos negativos hacia una persona se expresan simbólicamente con el deseo de que sea partido en dos por una insana descarga, asegurémonos al menos de que no quede por parte nuestra si de prevención se trata.

 

 

 

 

 

 

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