Hospital “hospitalizado” (II y final)

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Raúl Sánchez Reyes tiene 77 años y espera desde el año pasado por una operación de próstata. “Me he tenido que hacer los análisis tres veces. Cuando comencé a atenderme y se determinó  que necesitaba la operación me los hice, hasta me quedé para la entrevista con el anestesista. Entonces me avisaron que habían mandado a parar las operaciones por problemas en el hospital. Ahora vuelvo y me informan de la lista de espera, en la que ya me incluyeron para este año, aunque los análisis de medicina nuclear se me vencieron”.

Situación análoga a la de Raúl la vivieron cientos de tuneros. Y es que fueron varios las dificultades que provocaron que en 2013 el plan quirúrgico del “Guevara” solo se cumpliera al 80 por ciento. Entre las que más incidieron estuvieron la situación de la lavandería, la falta de suturas y  de camas debido a que hubo que utilizar la de los servicios quirúrgicos para dar respuesta a los brotes epidémicos de diarrea y dengue.

Sobre este y otros temas, un equipo de reporteros de este Semanario conversó con Rubén Pablo Pérez González, director general del hospital general docente Ernesto Guevara de la Serna.

“Al iniciar el año teníamos casi mil pacientes en lista de espera de operaciones quirúrgicas, sobre todo en las especialidades de cirugía, ginecología y urología, con más de 300 pacientes aguardando. Ya se les ha ido citando y por eso en esta fecha nos quedan 149 pacientes de esa lista.”

“En lo que va de año se han operado 469 pacientes. En el mes de enero el cumplimento fue del 79 por ciento, febrero al 90, pero marzo fue al 103, o sea, mil 298 pacientes operados. (Abril se comportó al 102 por ciento)

“Esto ha demostrado que si tenemos los recursos, como sutura (en estos momentos en falta), conjunto de cirujanos, lavandería e insumos, hay capacidad para los trabajos.

“Aquí se  logró la mayor actividad quirúrgica en el 2011, con 21 mil 367 pacientes operados. En 2014, de sostener el impulso inicial, podemos dar una excelente respuesta.”

“Este año tenemos un gran reto, el de intervenir la unidad quirúrgica, lo cual nos obliga  reorientar los salones. Las amenazas que tenemos son la situación epidémica y la inestabilidad de insumos, pero tenemos como potencialidad el nivel de organización en el trabajo que estamos creando. “

Otra de las situaciones que generó varios dolores de cabeza fue la de la lavandería debido a que “el año anterior se presentó una situación muy compleja por la rotura de la misma. En un momento determinado nos llegamos a quedar con una sola lavadora, pero el hospital no se paralizó.

“Las personas sintieron molestias porque en algún momento llegaron tarde las sábanas o se pospuso las operaciones. Hubo días en que os trabajadores estuvieron 16 horas atendiendo el lavado, ahí quedan como ejemplo los cordeles. Prácticamente 800 kilogramos de ropa se secaban al sol y eso es una muestra del esfuerzo de los trabajadores de la salud.”

¡BIENVENIDOS LOS CAMBIOS!

La inversión que en estos momentos se ejecuta llegará al 75 por ciento del “Guevara”, según señala su proyectista, el reconocido  arquitecto Domingo Alás Rosell, creador de importantes sitios como la Plaza Martiana, en esta cuidad, quien nos habla al respecto.

“En estos momentos se está terminando la torre A, que tiene que ver con los servicios de cirugía y quimioterapia.

“Lo más novedoso que está planificado es un área que tiene que ver con los egresos. Algunas de las modificaciones que se han hecho provocan que actualmente se haga un cuello de botella en el área de entrada y salida de los pacientes.

“Este proyecto permitirá que las personas que salgan del hospital no lo hagan por donde entran las urgencias, sino por un lugar que se llamará precisamente Egresos, que va a comunicar el Policlínico y el resto del hospital por vía de rampas hasta la calle, donde sí va a existir un espacio adecuado para el parqueo de varios automóviles y ambulancias para que los que salen puedan ser recogido sin interferir con los que entran.

“Esta será un área techada con una estereocelocía que va a recordar mucho al techo de la Parrillada de Buenavista, que es una cubierta muy ligera, completamente de acero y tejas galvanizadas, con protección contra el viento, el sol y la lluvia.

“Será interesante pues es una estructura semicolagada que le va a dar cierto toque de distinción al hospital. Solo el Cuerpo de Guardia anterior funcionará cuando hay una urgencia mayor.

“Estamos dándole los toques finales a las obras de la unidad quirúrgica, que va a tener varios salones de operaciones. Abajo quedará lo que es el Cuerpo de Guardia. Esperamos que dentro de un tiempo el hospital brinde un mejor servicio gracias a las soluciones arquitectónicas que se le han dado.

“De momento, el hospital es molesto, pero eso es temporal. Hay que decirle a la población que esto es un proceso constructivo que depende de los materiales, que no siempre aparecen y hay ciertos atrasos, pero que en cuanto se concluya el proyecto vamos a contar con un hospital mucho más bonito, funcional y humano. ”

“La inversión en general sobrepasa los dos millones de pesos y es ejecutada por la Empresa de Diseño e Ingeniería, que responde al nombre comercial de CREVER”.

CARENCIAS NO QUIEREN DECIR OLVIDO

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En su entrevista con 26, el director del “Guevara” reconoció que hay dificultades con algunos suministros como el modelaje, papel, lapiceros, detergente, jabón y toallas.

En estos momentos existen situaciones extremadamente complejas con la máquina de rayos X y el gas refrigerante, cuyas soluciones escapan de las manos del directivo.

No obstante, aclara que “tenemos que ganar más en conciencia, porque se esta haciendo un  esfuerzo, se está cumpliendo con lo que le corresponde a cada cual en relación a la exigencia y control de la higiene del hospital. Es complejo, por ejemplo, la cantidad de personas innecesarias que circulan por la instalación.

“Estamos hablando de un centro que tiene 707 camas de hospitalización -que junto a otros servicios suman 8 50 camas aproximadamente-, sin contar las de Observación, Legrado, Hemodiálisis, y otras, que no se cuentan como pacientes ingresados.

“Si a eso se le suman los familiares, los estudiantes y el personal médico, estamos hablando de más de cuatro mil personas, sin mencionar la aglomeración de Cuerpo de Guardia. Si encima de eso se añaden personas cuya estancia es innecesaria, entonces colapsa la disciplina.”

Aclaró además que junto a la inversión de este año, la instalación provincial está en un proceso de reparación y mantenimiento.

“Vamos a llegar a un grupo de salas que ya fueron reparadas, sobre todo con la grifería. El material que usamos es el mismo que se emplea en las viviendas, el cual es manipulado por un número superior de personas y no da abasto.  La intención de Salud Pública es comprar ahora materiales de mayor calidad.

“El hospital debe pintarse al menos dos veces al año en interiores, por ser un lugar donde circulan tantas personas.

“El plan de reparación anual tiene una cifra establecida en el orden del medio millón de pesos, que incluye mantenimiento al inmueble, a los equipos de electromedicina, al mobiliario y sistemas ingenieros: calderas, ascensores y otros. La respuesta va a depender del aseguramiento material con que cuente la provincia.

“La salud en Cuba es gratuita pero le cuesta mucho al estado y a los que estamos al frente.”

Un incinerador de moderna tecnología, ecológico y acorde a la estética del lugar, será otra de las novedades de este año. En cuanto al tema informó que “está en fase de preparación, lleva el movimiento de tierra, fundición de una base y montaje del equipamiento, que ya está aquí. Su instalación en los próximos meses eliminará muchas molestias a zonas aledañas y permitirá un mejor desecho de los tóxicos que normalmente desprende esta tarea. ”

Recalcó que se ha logrado que cada cama tenga su butaca de acompañante, seis sábanas para el cambio (dos lavando, dos en la cama y dos guardadas, independientemente de que hayan servicios que requieran un ciclo de cambio más corto). “Por ello hoy no hay razón para que haya una cama destendida o que la gente tenga que traer sábanas de la casa.

“No tenemos cobertura suficiente con las toallas, pero hay respuesta, igual ocurre con los ventiladores, hay una cobertura para cuatro salas y en la medida en que vayan entrando implementos, los iremos poniendo en las restantes.”

Para concluir, enfatizó que “hoy, cuando han mejorado las condiciones de trabajo y llega el aumento de salario, la motivación existe, siempre ha existido, pero se tiene que aumentar la exigencia, la entrega del personal, la sensibilidad  del día a día; esto es una cuestión fundamental para los trabajadores del hospital. “

 

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La ciudad y el tiempo

DSCN3517El primer pirata de América, un despótico conquistador español y un cacique aborigen se conjugaron para que casi tres siglos después surgiera lo que hoy es la ciudad de Las Tunas.

Corría el año 1510. El ibérico era el adelantado Alonso de Ojeda, quien se encontraba cautivo de Bernardino de Talavera, el primero de los “Hermanos de la Mar” en este continente. La suerte quiso que una tormenta lo liberara de su captor y lo arrojara a tierras cubanas, en la bahía de Jagua, en Cienfuegos.

Ojeda decide ir por tierra, bordeando la costa sur, para llegar hasta Maisí, de donde pensaba embarcar hacia La Española. La travesía fue un verdadero infierno para él y sus seguidores. Los pantanos, las ciénagas y el acoso de nativos hostiles a su presencia provocaron casi el exterminio de los improvisados expedicionarios.
Cuando todo parecía prácticamente perdido, llegaron hasta el pueblo aborigen llamado Cueybá, donde el cacique Cacicaná los acogió favorablemente. En agradecimiento, Alonso de Ojeda le regaló una imagen de la Virgen y construyó una rústica ermita para su adoración. Es en este espacio geográfico donde surgiría, siglos más tarde, la ciudad de Las Tunas.

Aunque esta ermita fue la tercera de su tipo en Cuba, esta zona no revistió mayor interés para los españoles, quienes se concentraron mayormente en Santiago, Bayamo, Manzanillo y Puerto Príncipe.
Pasaría casi un siglo, hasta que en 1603 se le otorgara al hacendado bayamés Juan Rivero González el hato de Las Tunas. De este mismo linaje nacería, más de dos siglos después, un niño llamado Vicente García González.

Nótese que ya para esta fecha- 1603- este territorio era llamado como la Opuntia o tuna brava. Al respecto, existen dos leyendas. Una de ellas, quizás la más poética, cuenta de unas extrañas plantas espinosas (la Opuntia stricta en su variante Dilleni) que un día oscuro y frió aparecieron en la provincia aborigen de Cueybá, las que finalmente tomaron el lugar de las rosas rojas que abundaban por estos lares.

La otra, menos garciamarquiana, surge luego de la conquista y colonización. Se refiere a la proliferación en la hacienda ganadera del señor Jesús Gamboa de este arbusto espinoso. Cuando algún comerciante venía a la finca, salía congratulado con una mata de tunas que el propietario le regalaba pues, según los africanos que vivían en la comarca, servía como protectora de la vivienda contra la envidia y el mal de ojo.

Después de un largo proceso de asentamiento y sedimentación durante tres siglos, sus habitantes escogieron 1796 para fundar el poblado, en torno al templo católico donde organizaban cada año sus festividades religiosas.
Aunque existe la hipótesis de que un siglo antes de la fecha señalada ya existía una intención fundacional en la comarca, la misma aún espera por su definitiva aprobación.

Se escoge el 30 de septiembre para conmemorar la fundación de Las Tunas porque este día, en el santoral católico, corresponde a San Jerónimo. Este también era el nombre del obispo, de apellidos Valdés Sierra y nacido en igual día (de ahí su nombre), que en 1707 dio la autorización para la reconstrucción de la iglesia que desde 1690 se levantaría en esta comarca para la evangelización de sus pobladores. En 1710 asumiría el nombre de este santo.

En 1847 se le otorgaría la tenencia de Gobierno, en 1848 el título de Villa y fue en 1853 cuando alcanzó el de Ciudad.
Aunque en términos estrictamente históricos se considere a esta ciudad como bicentenaria, la Opuntia tiene aún mucho más que espinas y flores para asombrarnos