La culpa del totí

Negro y con plumas…totí. Su nombre científico proveniente del latín (dives) significa abundantes, fecundos, y vaya si nos lo ha tocado saber. Ave endémica de nuestro país, forma parte del imaginario popular del cubano como símbolo de lo socarrón, la mala suerte. Recuerden si no el refrán que dice que “todos los pájaros comen arroz, pero el totí siempre carga con la culpa”.

Don Fernando Ortiz dice en su libro Nuevo Catauro de Cubanismos que este pequeño plumífero hacía tanto daño a las cosechas y aún al azúcar almacenado, que era costumbre en los antiguos ingenios poner a un esclavo a cuidar que los totíes no se acercaran a picotear los sacos de azúcar o de granos.

Los esclavos solían robar de estos sacos y echarle la culpa de las faltas a los totíes cuando el mayoral o el amo les reclamaban. Así surgió la frase “la culpa de todo la tuvo el totí”, que socorridamente usamos los cubanos para descargar nuestra responsabilidad cuando somos sorprendidos in fraganti en alguna falta.

Al dive atroviolaceus nos lo podemos encontrar en casi cualquier parte de nuestro país, menos en la Isla de la Juventud, lo mismo en el campo, que en las áreas suburbanas y hasta en el las ciudades. Esto ultimo se debe a que son especies sinantrópicas, acostumbradas a la presencia del hombre. Se le conoce también como choncholí en el Oriente cubano, su dieta esa base de insectos y semillas y su nombre proviene del sonido que parece emitir: to-tí… Sin dudas, si aparte del tocororo, alguna otra reuniera méritos para ser considerada como el ave nacional, no cabe duda de que a esta no le faltarían méritos.

Hasta aquí todo bien, pero la cosa se complica cuando nos la encontramos en el parque de la ciudad cabecera, como en una película de Alfred Hitchcof. Literalmente, esta especie se ha apoderado de los árboles que dan sombra al parque Vicente García. En la tardes de los meses entre junio y octubre, vienen de los cuatro puntos cardinales. Son cientos de ellos los que diariamente allí pernoctan. Lo mismo ocurre cada mañana. Se disgregan hacia todas partes. Dicen algunos que van hacia los arrozales de Hermanos Mayo y hacia el Matadero.

Es un espectáculo nada despreciable, sobre todo para los amantes de la naturaleza. Pero el problema viene dado con que sus heces fecales han “tapizado” casi todo el parque, con el consiguiente mal olor y la imposibilidad de sentarse en los bancos, además de las bacterias y microorganismos que pudieran afectar la salud humana.

Según Richard Olano, especialista de la delegación territorial del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA) este comportamiento no tiene una explicación bien definida. ¿Por qué buscan estas aves precisamente el lugar dónde más ruido y luz hay? ¿Tanto se han acostumbrado a la presencia del hombre? Tal vez sea un mecanismo de defensa, apunta el especialista. Y es que en este sitio es dónde están más seguros al no existir depredadores naturales, como el gavilán y otras aves de rapiña, que de sinantrópicas si no tienen ni una pluma.

Un punto a favor de esta hipótesis es que no han construido nidos. Su período de apareamiento es en abril y no es hasta dos meses más tarde que no empieza su “tour citadino”. Esto es, buscan proteger a los individuos más jóvenes. En otras partes no es tan común apreciar este comportamiento gregario.

Otra razón pudiera ser la falta de cubierta boscosa en nuestro territorio. De hecho, somos la provincia más deforestada del país. El totí pudiera estar viendo destruido su hábitat debido a la actividad del hombre y ahora pudiera estar viniendo a cobrarnos la deuda. Pero según Richard, la concentración de árboles del parque es bien insignificante con relación a otras más abundantes que también se encuentran en el perímetro urbano y que es ignorada por los totíes.

Otra de las hipótesis (aún no se tiene una respuesta clara y el estudio demoraría al menos un año) es que cada cierto tiempo (4 0 5 años) estas aves buscan un nuevo lugar donde pernoctar debido a la concentración de sus desechos residuales.

Al aproximarse el invierno se macharán hasta el inicio del verano. Dejarán atrás un parque con un olor bien peculiar, a los trabajadores de Comunales con los pelos de punta y un montón de interrogantes sobre su comportamiento.

Quizás, y por esta vez, la culpa no sea solo suya.

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