El desamparo de la desmemoria

Polo vivienda Finlay f. Norge 3-5-12 (16)-1500Para quien camine en estos días por las calles de la ciudad, le resultará imposible ignorar el auge constructivo en que viven los tuneros. Prácticamente no hay placa libre o solar vacío que no esté contagiado con esta “fiebre”. Con mayor o menor lujo, por esfuerzo propio o con la ayuda estatal, van creciendo las construcciones, como los anillos concéntricos de un árbol.

Algunos podrían pensar que se está saldando una vieja deuda. Las limitaciones que nos impuso la llegada del Período Especial y que la actual situación económica mundial acrecentaron, bien podría hacer pensar eso, pues no cabe duda que la de la vivienda es una de las situaciones más delicadas a las que hoy se enfrenta el cubano de a pie.

Una mirada más acuciosa refleja que en el caso de la provincia, en los últimos tiempos se venía experimentando un auge constructivo, cifra que rondaba las dos mil casas anuales. Este año, los dígitos se redujeron considerablemente (un poco más de 500), aunque se apuesta por el esfuerzo propio, especialmente después de la entrada en vigor de los decretos-leyes para el otorgamiento de subsidios a las personas más necesitadas y de créditos para la compra de materiales de la construcción y pago de mano de obra.

Según el Censo de Población y Vivienda 2012, la provincia cuenta con 192 mil 892 domicilios, en las que viven como promedio 2, 72 personas. Si suponemos que en la mitad de estos hogares (alrededor de 100 mil) haya algún(a) joven que quiera independizarse y construir una casa para él / ella y la familia que pretende crear, sería necesario construir cerca de 50 mil residencias. En estos momentos y en las actuales condiciones, aún sin contar las afectaciones de los huracanes Ike y Sandy que restan por solucionar, este número es mucho más que idílico.

No obstante, y a propósito del 60 aniversario de los asaltos a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, si comparáramos la situación que tenía el territorio de Las Tunas en 1953 en relación a la vivienda (catalogada por Fidel Castro, en su alegato de autodefensa, como uno de los problemas más urgentes a nivel nacional), encontraríamos que, a pesar de la mala memoria de algunos “olvidadizos”, la obra de la Revolución en este sector es innegable.

La situación se convierte, en ese marco histórico, en un medio de captar la pobreza y la precaria situación en que estaba sumido el territorio. Según el censo de 1953, de 40 mil 294 hogares que existían, el 58.7 por ciento era de yagua o madera con piso de tierra y tres de cada cuatro estaban evaluadas de crítica con categoría de regular o mal.

Cifras que son necesario recordar cuando, al caminar por cualquier calle, y mientras se observa esa nueva piel que le crece a la ciudad, nos preguntemos (es cierto que con toda justeza) cuándo nos llegará nuestro turno.
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