Con M de maestra

La Campaña de Alfabetización fue una de las mayores gestas libradas por nuestro pueblo. El del antiguo municipio de Victoria de Las Tunas era uno de los más atrasados en este sentido, solo superado por los del oriente montañoso. Fue gracias al esfuerzo como el de las protagonistas de esta historia que esta lamentable situación se pudo revertir. 

Martha (a la izquierda) me abrió la puerta, Miriam (a la derecha) esperaba adentro. Me llevaba a ellas la noticia de las tres hermanas alfabetizadoras. Mirtha, la tercera, no se encontraba, había echado raíces en Moa, donde las tres fueron a cumplir con el llamado de la Revolución en el año 1961.

Pero todo comenzó mucho antes, cuando su padre, quien primero fuera militar, profesión que abandonó por el descrédito y la corrupción imperante en las Fuerzas Armadas seudorepublicanas, se asentó junto a su esposa en el barrio Santo Domingo de esta ciudad (Las Tunas) donde abrió una pequeña tienda. Pasaron algunos años y con ellos llegaron a la familia Peña-Meriño tres hijas: Martha, Mirtha y Miriam, en ese orden. La primogénita siempre tuvo la vocación de maestra, pero eran tiempos en que de nada servía tenerla definida si no tenías qué llevar a la mesa, así que se tuvo que conformar con estudiar en la Escueladel Hogar, en la esquina de las actuales Joaquín Agüero y Lorenzo Ortiz, donde al estilo de la mujer norteamericana de la posguerra, se enseñaba “todo” lo que una ama de casa que se respetase debía saber.

Sus hermanas menores tuvieron un poco de mejor suerte; habiéndoles picado también el bichito del magisterio (qué otra cosa podía hacer una mujer en aquellos tiempos) estudiaron, no sin grandes y lógicos sacrificios, enla Escuela Normal para Maestros, en Holguín. Así comenzó todo. Sí, porque a veces se olvida lo que costó aprender a leer y a escribir en aquella época.

Martha se graduó de la escuela “hogarista” en 1953. Fue el primer expediente, pero eso no impidió que en 1956 el alcalde batistiano Ernesto Reyes León (Payés) la dejara cesante. Viajará entonces a la capital, a exigir al Gobierno su plaza, pero como en una broma cruel, pasarían los meses, los que se convirtieron en años, sin obtener respuesta. Fueron tiempos duros, en los que tuvo que trabajar en una fábrica de perfumes y en otra empacando talco para poder subsistir. Sus hermanas, mientras tanto, terminaban sus estudios en la escuela “normalista”.

Año nuevo, vida nueva

En esta situación las sorprende el primero de enero de 1959. Después del triunfo dela Revolución Marthaobtiene su tan esquiva ubicación, aquí, en Las Tunas, en la primaria Luís Manuel y Cristino, en lo que hoy es el reparto Buena Vista. Para allí irían también sus hermanas. Era 1960, año dela ReformaAgraria.

Lo que hoy se conoce como Campaña de Alfabetización comenzó oficialmente con el llamado que Fidel hizo desde Ciudad Libertad, La Habana y del antiguo cuartel Leoncio Vidal, en Santa Clara, en enero de 1961. Pero desde los primeros momentos del triunfo revolucionario se llevaron a cabo labores de alfabetización en toda Cuba, en las que las hermanas Peña Meriño participarían, en la propia ciudad de Las Tunas, bien en la zona donde trabajaban, por las noches, o donde hiciera falta. Así pasan los primeros dos años, hasta abril de 1961.

La situación no era otra que la invasión mercenaria de Bahía de Cochinos. Siguiendo la orden de Fidel de que no se podía interrumpir ninguna labor, la ya iniciada Campaña de Alfabetización no se detuvo. En aquellos momentos se canta el Himno Nacional antes de entrar al aula y se terminan las clases con el del 26 de Julio. Miriam editaba entonces un periódico en su escuela, el Eco Estudiantil Revolucionario. Entre proclamas de reafirmación y textos de sus noveles alumnos-redactores, podía leerse un chiste como este:

-¿No sabes que a Alberto le cogieron preso?

-¿Por qué?

-Estaba vendiendo plátanos burros en el Año dela Educación.

El curso escolar se acelera. Era necesario que todo aquel que supiera leer enseñase a quien no sabía. Los jóvenes, y el pueblo en general, son convocados a incorporase al Ejército de Brigadistas. A las hermanas Peña no hubo que insistirles mucho.

De Varadero a Baracoa

Hasta la playa azul son llevados por una semana los jóvenes brigadistas. Allí, en los grandes chales estilo racionalista donde hasta hacía poco vivía la burguesía que ahora emigraba al Norte, se hospedan los hijos de campesinos y trabajadores humildes como Martha, Mirtha y Miriam.

La incondicionalidad no era por aquellos tiempos una palabra tan llevada y traída, sino que se asumía en la práctica, sin tanta rimbombancia. Es por ello que dos días después de estar allí, pasa un carro con un altavoz pidiendo voluntarios para ir a alfabetizar a  Baracoa. Las hermanas se miran, mirarán tal vez el mar más hermoso que hasta entonces hubieran visto, se reirán de sus caras de gente del “interior” ante un espectáculo semejante y sin decirse nada tomarán la decisión que cambiará sus vidas.

Llegaron en tren a Guantánamo, luego en camiones hastala CiudadPrimada.En sus mentes, más bien en sus estómagos, el vértigo de enfrentarse por primera vez aLa Farola.Lamayor de las hermanas solo tenía 25 años para entonces, 20 la menor y 22 la del medio.

En Baracoa escogen el barrio más lejano de aquel ya de por sí recóndito municipio: Moa. Apenas es un pequeño pueblo de pescadores quela Guerrade Corea primero y la inteligencia del  ingeniero Presillas después, han convertido en un importante polo minero-niquelífero.

La verdadera aventura comenzó allí, conviviendo con los pescadores, con la gente humilde y sencilla, como a la que llamaban “La Cigua” y su familia, que las recibió  como a sus hijas, en los que el estigma de la pobreza y la ignorancia habían dejado sus huellas, inmigrantes del Caribe anglófono, mulatos de piel curtida por el salitre y vitoriadores de una remota reina.

Algo extraño operó en ellas el contacto con esa realidad que se anticipaba por algunos años al Macondo de Cien Años de Soledad. Solo Martha escapó a ese hechizo. Le esperaba el convertirse en la primera presidenta dela AsambleaMunicipaldel Poder Popular en Las Tunas. Mirtha y Miriam se casaron con dos “nativos”; la segunda vendría luego para su ciudad natal y cumpliría misión internacionalista en Angola, durante los heroicos días de Sumbe. Mirtha se quedó para siempre. Ninguna de las tres abandonaría nunca la educación.